Si hiciera falta definir en pocas palabras la figura del fiscal español Carlos Castresana se podría decir que es un valiente incorruptible que habla claro, muy claro. Desde hace casi tres años estaba al frente de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), dependiente de Naciones Unidas. Su difícil misión, en castellano antiguo, era tocar a los intocables, perseguir a los jefes del crimen organizado allí donde estuvieran y cualquiera que fuesen sus apellidos. Lo hizo. Incluso llegó a detener al ex presidente Alfonso Portillo, acusado de un desfalco de más de 70 millones de dólares. Pero tal temeridad tenía un precio. Sintiéndose amenazados, los grupos criminales orquestaron una feroz y repugnante campaña de descrédito personal contra Carlos Castresana, que el lunes terminó presentando su renuncia. No quiere que los sucios ataques contra su persona terminen perjudicando la labor de la Comisión contra la Impunidad. Read more…